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Urria 1st, 2007

PRENSA

«Todo lo que no es el proceso creativo me resulta cada vez más doloroso»
Erramun Landa

Hacia dónde va el artista? Qué influencia tienen en su proceso creativo los factores externos a la creación, sean económicos, sociales, afectivos, sexuales…? Cómo influyen la respuesta del público, el fracaso o el éxito? La creación tiene un «gran coste personal y social» para el artista Erramun Landa. Pero merece la pena pagar.
Jon Benito (Ea)

Soleada tarde de martes en Ea. El paseo del muelle está a tope de gente que quiere disfrutarlo hasta bien entrada la noche. El personal extiende la toalla sobre el cemento y se tumba. Más allá, la playa. El resto es mar.
En estos parajes nació, en estos parajes pasa los veranos Erramun Landa (Ea, 1958). Las nubes amenazan en la lejanía, como en las pinturas románticas. Aguantará sin llover toda la tarde?
Dice Erramun Landa: «Para mí, no hay equilibrio ni momentos de tranquilidad. El equilibrio suele ser un paréntesis triste. Cuando estoy arriba, estoy en la cima, en lo más alto; cuando estoy de bajón, me siento verdaderamente muy mal. El sentimiento, tanto arriba como abajo, es absoluto, muy vivo. Si has de llegar en algún momento a la cima, es porque has estado en lo más bajo alguna vez. Esa es mi dinámica: no conozco el equilibrio».
Cómo empiezas el proceso?
El ordenador queda voluntariamente fuera del proceso.
Paso muchas horas en el taller, en soledad. Pero es curioso: durante todas las muchas horas que paso a solas en el taller nunca me siento solo, es cuando estoy en casa que siento la soledad. Nunca la siento en el taller: no estoy acompañado, pero no estoy solo.
Y así, sujeto el papel sobre la tabla y me quedo mirando. Mirando y mirando el papel. Con el acompañamiento de la música de fondo, con un especial estado de ánimo y con todas las vivencias de los días anteriores. No se trata de poner de golpe algo sobre el papel; crear es como ir entrando en una cueva: cada día más adentro.
Según voy observando el papel en blanco, mis ojos ven puntos y rayas. Es una especie de señal para empezar, y por ahí empiezo.
Intento mantener la misma intención durante todo el proceso: me pongo a mirar el papel y procuro no seguir mi lógica mental. Así noto que se despierta otra clase de lógica.
Qué es esa otra lógica?
Mi clave es el momento de la acción. El momento de la acción está relacionado con otras muchas sensaciones. Cuando estoy pintando experimento muchas cosas en poco tiempo: puedo estar en el cielo a mediodía y en el infierno a las cinco de la tarde, arrepentido de lo que he hecho durante el día. Al pintar experimento sensaciones muy vívidas. La sensación de tiempo cambia, se crea en mi percepción una temporalidad que no tiene nada que ver con la realidad.
De alguna manera, la práctica me ha hecho “sabio”. Por la práctica he llegado a entender la teoría. Las horas pasadas en tareas creativas me han llevado hacia teorías o ideas con las que antes no tenía ninguna relación.
Has mencionado el “precipicio sensitivo” como clave. Qué es eso que llamas precipicio sensitivo?
El peligro. Tienes que tirarte al precipicio si quieres andar por caminos inesperados. Tienes que atreverte a saltar cuando te acercas al precipicio.
Quiero decir: el conservadurismo o el conformismo son para mí enfermedades tremendas.
Una vez das por terminado el proceso creativo, qué relación tienes con el resultado?
Cuando me arrepiento de lo que he hecho el día anterior es cuando visito el infierno. En pocas ocasiones he conocido momentos más intensos que los que me relacionan con la obra.
La pintura es una gimnasia muy sacrificada. Mantengo una conversación con la imagen o con el dibujo: hago aportaciones, me dice o me aconseja, siempre intento mantener una intuición activa. Pero más tarde me doy cuenta de que lo que yo creía conversación no es más que un monólogo, una pura reflexión. En el taller me paso el tiempo reflexionando. Pero para materializar esa reflexión, necesito de la relación con los objetos, las imágenes o los trazos.
Y cuando ves la obra en la portada de un libro o colgada en un museo, es decir, cuando se hace pública, ¿cómo la ves?
Los sentimientos que se plantean son muy especiales: siempre diferentes y variables.
Pero yo siempre distingo entre el proceso creativo y todo lo demás. En lo que se refiere a la tensión, el proceso creativo es lo más importante, el trabajo de taller. El resto es vida social.
Pero, no te importa la opinión del espectador?
El espectador siempre está ahí. A veces, como castigo.
En los últimos tiempos, valoro mucho menos la opinión o la aprobación de los demás. No soy amigo de conformidades. ( No busco la aprobación de los demás. En su momento lo intenté y, visto desde ahora, pienso que fue un fracaso.
Ahora busco explorar caminos por los que antes no había andado. Ahora camino por donde ni siquiera imaginaba que lo haría. Eso me enriquece.
Pero, la opinión de los otros no te sirve ni como referencia siquiera?
Diría que lo contrario. La relación con los otros se ha vuelto totalmente conflictiva. Si la opinión de los demás tiene un valor para mí, es el del conflicto.
Todo lo que no es el proceso creativo me resulta cada vez más doloroso.
Y eso te influye a la hora de crear?
Noto cada vez un contraste mayor entre el trabajo íntimo del taller y el mundo exterior. En mi pequeño mundo, las cosas son cada vez más ricas, vivas e interesantes. El contraste con el mundo exterior es enorme: cuanto mejores son las cosas en un lugar, peores son en el otro.
Y entrar desde el mundo exterior en el estudio?
Es refugiarse. El estudio es un lugar liberado. En la vida exterior no hay más que agresiones, nada me ayuda a crear, la realidad cotidiana me come el tiempo y la vida. Para crear necesito protegerme, alejarme: de los amigos, de la cuadrilla, de los otros…..
Pero no puedes vivir en el estudio. También te influyen los sucesos del exterior…..
Pero me siento tranquilo, porque tengo un refugio.
Los momentos que paso en el taller me dan la fuerza y el empuje para enfrentarme a las otras cosas. Por ejemplo, la referencia de los valores para relacionarme con los alumnos o las instituciones.
El estudio es un lugar real y simbólico, a la vez: un espacio libre. La utopía es posible allí, allí la densidad de la vida aumenta.
Me doy cuenta de que estoy enfadado con el entorno. Estoy en contra del positivismo. Hay que mirar hacia arriba. Estoy cansado de buscar el lado positivo de las cosas. Cuando tomamos algo por el lado positivista, nos estamos perdiendo todo el resto de la realidad, las otras realidades y posibilidades, la vida.
Y cómo te influyen el resto de los factores?
Vivo en Euskal Herria, pero me iría gustoso. No puedo soportar el ambiente cultural y perceptivo de aquí.
La relación que tengo con el entorno es muy conflictiva.
Pero, para poder crear, casi siempre es necesario el conflicto…
El conflicto es el choque entre los diferentes yo que habitan en uno mismo. La incomprensión, la autoestima dañada… ahí es donde está actualmente el conflicto. Todo lo demás es un rodillo. (sic)
Qué te ha aportado la decisión de pintar?
Me ha aportado algo estupendo: la oportunidad de conocer ese mundo.
Tiene un gran coste personal y social, pero a cambio te da cosas que no se pueden encontrar en otra parte. Por ejemplo, conocerte a ti mismo. No conocemos todas nuestras posibilidades.
Cuando comparas la intensidad del taller con la vida exterior, hacia dónde se inclina la balanza?
Lo cotidiano no me satisface.
Tampoco el mundo del arte?
La situación de la cultura me resulta sofocante. Estamos llenos de convencionalismos, pero eso no es lo peor. Lo peor es ver que nos conformamos con los convencionalismos. No conocemos otra cosa. Quiero ser muy duro con este tema.
Pero muchos se vanaglorian por la actual situación cultural!
Y sin embargo, para mí, el florecimiento de esas instituciones de la cultura no ha traído una profundización de la misma. Mi planteamiento acerca del arte es suicida. Pienso que el arte y la cultura tienen que ir por el camino de la trasgresión. Lo demás sería instalarse en la comodidad. Y los vascos estamos cómodos. Muy cómodos. Hoy en día, la cultura se vende como una operación de márketing, al servicio del turismo y de la política.
Sueles ir a ver las exposiciones de otros artistas?
Lo que se suele presentar como arte no lo es obligatoriamente. Hace poco he ido a ver una exposición organizada por José Luís Moraza en el Guggenheim, y me ha parecido que un grupo de artistas postmodernos ha querido tomar el papel de sociólogos.
No me gusta nada. No me parece que sea ese el papel del artista.
Valoran al artista por la cantidad, y pienso que el arte se debe ver en la densidad.
Y tú cómo te sientes al lado de eso?
Estoy abierto a cualquier posibilidad de ver y de investigar. Pero me parece que con esos planteamientos están cayendo en la comodidad, y el arte y la cultura tienen que ser rompedores. El discurso del poder se ha tragado el arte y las tendencias culturales.
Si siento como una agresión todo lo que hay fuera del taller, el mundo del arte me es mucho más doloroso, porque, en teoría, me tendría que sentir comprendido en ese mundo. Y no es así.
Pero eres profesor de la Facultad de Bellas Artes.
La Universidad es terrible. Gris. Aquellos que eran modernos y rompedores en los inicios han tomado los decanatos, pero están fagocitados.
Casi no hay opciones para la esperanza.
Dan respuestas la la sociedad mercantilista, pero no respuestas alternativas. Al estudiante universitario se le enseña cómo integrarse en ese mercado: dónde colocar el arte en las estanterías del supermercado. Los alumnos llegan totalmente desarmados, sin ninguna clase de iniciativa ni de herramienta.
Me sorprende la poca importancia que se le da a la calidad de la enseñanza.
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